La hipercolesterolemia es la elevación de los niveles plasmáticos de colesterol total en sangre por encima de los niveles deseables (200 mg/dl), principalmente por un aumento del colesterol LDL. El colesterol alto está asociado con un aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular (a partir de un valor de 250 mg/dl).
La hipercolesterolemia es asintomática, sin embargo, en algunos casos puede mostrar síntomas como manchas espesas de color amarillo alrededor de los ojos o en alguna otra zona de la piel, que se forman por los depósitos de colesterol que se acumulan también en el interior de las arterias. Estas manchas en la piel son por depósitos en la piel, no por los depósitos en las arterias, los xantelasmas, que así se llaman las lesiones cutáneas en los párpados, representan áreas repletas de macrófagos conteniendo lípidos, principalmente ésteres de colesterol, aunque su etiopatogenia exacta se desconoce. Estos signos se pueden apreciar en personas con colesterol alto hereditario, pero también la obesidad es un factor de riesgo.
Más de la mitad de los españoles tienen hipercolesterolemia y una gran parte de ellos no están bien controlados, según la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria. La probabilidad de tener colesterol alto es mayor cuando hay antecedentes familiares de cardiopatías coronarias, accidentes cerebrovasculares u otras enfermedades relacionadas con el colesterol. Además, la edad o la menopausia temprana de la mujer también predisponen a tener el colesterol alto. En la actualidad, también es un problema que afecta cada vez a más niños y adolescentes.
Las causas de la hipercolesterolemia pueden ser de origen genético o por la ingesta de una dieta con alto contenido en colesterol. En estas circunstancias, el colesterol puede depositarse en las paredes de los vasos sanguíneos y contribuir al desarrollo de la aterosclerosis, que está en la base del origen de las enfermedades cardiovasculares.
Numerosos estudios han demostrado una relación entre los niveles de colesterol en la sangre y la incidencia de enfermedades cardiovasculares, ya que éstas son más frecuentes en sujetos con hipercolesterolemia que en los sujetos con niveles bajos de colesterol-LDL.
Asimismo, la reducción de los niveles elevados de colesterol-LDL disminuye la incidencia de enfermedades coronarias. Sin embargo, el riesgo que confiere cualquier nivel de colesterol en la sangre depende también de la coexistencia de otros factores de riesgo, como los niveles de presión arterial, la diabetes, la edad, el sexo o el tabaquismo.
La forma de diagnosticar o detectar niveles de colesterol fuera de lo normal es mediante un análisis de sangre. El diagnóstico se basa en una serie de cifras recomendadas:
Colesterol Total: menor de 200 mg/dl.
con riesgo: mayor de 240mg/dl.
Colesterol LDL: menor de 130 mg/dl.
con riesgo: mayor de 160 mg/dl.
Colesterol HDL: mayor de 45 mg/dl.
con riesgo: menor de 35 mg/dl.
El control de los niveles de colesterol en la sangre se puede conseguir con cambios en el estilo de vida, siguiendo una dieta saludable y equilibrada, realizando ejercicio físico moderado habitualmente y dejando de fumar. En algunos casos también es necesario un tratamiento farmacológico.
Definición
La hipercolesterolemia es la presencia de colesterol en sangre en niveles superiores a los considerados como normales. Los niveles elevados de colesterol dependen de diversos factores, algunos no modificables, como los factores hereditarios, y otros sobre los que podemos actuar, como la dieta, la actividad física o el sobrepeso.
La hipercolesterolemia es uno de los principales factores de riesgo de enfermedad coronaria. Inicialmente el tratamiento de la hipercolesterolemia, se basa en modificaciones de la dieta, aumento de la actividad física y el mantenimiento de un peso corporal adecuado. El tratamiento farmacológico está reservado para pacientes con alto riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares o en formas graves de hipercolesterolemia, que no responden a cambios en los estilos de vida.
Incidencia
Según el estudio ENRICA de 2012 la mitad de la población española padece colesterol elevado o hipercolesterolemia, y entre quienes presentan esta dolencia, sólo el 46,4% es consciente de ello. Según este estudio, 17,3 millones de españoles tienen elevado el colesterol LDL, 10 millones tienen el colesterol HDL bajo y 6,7 millones de españoles tienen los triglicéridos elevados. Por comunidades autónomas, las que presentan mejores cifras de colesterol y triglicéridos son el País Vasco, Navarra, Madrid y Valencia, mientras que Galicia, Canarias, Extremadura y Murcia son las que tienen peores cifras.
Asimismo, según la Sociedad Española de Cardiología (SEC) casi cuatro millones de españoles tienen un riesgo cardiovascular muy elevado como consecuencia de unos altos niveles de colesterol en sangre en combinación con otros factores de riesgo. De estas personas, el 80% no consigue controlar sus cifras por debajo de 70 mg/dl. Por el contrario, por cada 30mg por decilitro de sangre que se logra reducir el colesterol LDL, se disminuye un 22% la aparición de nuevos eventos cardiovasculares mayores (infarto e ictus).
Así, para disminuir el número de infartos e ictus entre las personas con un riesgo cardiovascular muy elevado es necesario que estas tengan un correcto control de las cifras de colesterol LDL, el conocido como colesterol malo. Estas cifras deben de situarse por debajo de 70mg/dl.
Causas
El nivel de colesterol en la sangre está determinado por factores genéticos y ambientales que incluyen: la edad, el sexo, el peso corporal, la dieta, el consumo de alcohol y tabaco, el ejercicio físico, los antecedentes familiares, los fármacos y también la presencia de diferentes situaciones patológicas.
Se pueden distinguir dos tipos de hipercolesterolemia: las primarias o las que no se asocian a ninguna enfermedad y se deben a causas genéticas y las secundarias, aquellas en las que el incremento de colesterol se asocia a diferentes enfermedades.
Las hipercolesterolemias primarias se deben a alteraciones genéticas que afectan a uno o varios genes de los sistemas transportadores del colesterol o de las proteínas que actúan en el metabolismo de éste. En las poligénicas, además de factores genéticos participan elementos ambientales relacionados especialmente con la ingesta de una alimentación inadecuada, rica en alimentos con alto contenido en colesterol (productos lácteos, yema de huevo, carnes rojas y marisco).
Las hipercolesterolemias secundarias se pueden asociar a enfermedades: hepáticas, diabetes, hipotiroidismo, anorexia nerviosa, síndrome nefrótico o insuficiencia renal crónica, entre otras. Además, existen algunas sustancias cuyo consumo se asocia a la hipercolesterolemia, como los esteroides anabolizantes y el consumo excesivo de alcohol.
Síntomas
¿Cuáles son los síntomas de la hipercolesterolemia? La hipercolesterolemia es una enfermedad asintomática, es decir, no presenta síntomas, hasta que aparece la enfermedad cardiovascular: el infarto, el ictus, la patología arteriosclerótica periférica, etc.
En algunas ocasiones, algunos pacientes con niveles elevados de lípidos en la sangre presentan xantomas: depósitos de grasas por debajo de la superficie de la piel de un tamaño variable. Estas alteraciones cutáneas pueden surgir en cualquier parte del cuerpo, pero se observan con mayor frecuencia en los codos, los tendones, las rodillas, las manos, los pies, los párpados y los glúteos.
Diagnóstico
Toda persona mayor de 20 años debe realizarse una determinación del perfil lipídico, que incluya principalmente el colesterol total y colesterol HDL. Si los valores están dentro del rango de normalidad establecido por el laboratorio, debe repetirse esta determinación cada 5 años. Los pacientes que deban realizarse una extracción de sangre para la determinación del perfil lipídico han de tener en cuenta una serie de condiciones indispensables para obtener unos resultados veraces:
El paciente ha de mantener su estilo de vida habitual (dieta, ejercicio, peso) en las últimas tres semanas.
Se recomienda un ayuno previo a la realización de pruebas de 12 –14 horas imprescindible para la valoración de los triglicéridos y el colesterol HDL.
En el proceso de extracción el paciente ha de estar sentado.
Debe retardarse la extracción hasta tres semanas después de una enfermedad leve o un cambio dietético reciente como ocurre en las navidades, en periodos vacacionales o durante el Ramadán.
Deberán pasar más de tres meses para realizar el análisis si se ha sufrido una enfermedad grave que conlleve cirugía mayor.
Es recomendable suspender la administración de fármacos que no sean imprescindibles para el paciente, exceptuando los fármacos hipolipemiantes.
Durante el periodo de embarazo, el perfil lipídico se encuentra muy alterado, por lo que sólo serán valorables los resultados obtenidos a partir del tercer mes posparto o de tres meses tras la suspensión de la lactancia.
Ante un resultado elevado en el perfil lipídico se debe volver a repetir un segundo análisis en el plazo de dos o tres semanas para la comprobación de resultados.
Tratamiento
El tratamiento de la hipercolesterolemia consta de dos partes que no son excluyentes, sino que se deben complementar para llevar los niveles de colesterol a niveles deseables: medidas higiénicas y dietéticas y tratamiento farmacológico.
El tratamiento dietético para la hipercolesterolemia se basa en pautar una dieta pobre en colesterol, grasas saturadas, potenciando los ácidos grasos mono y poliinsaturados, y rica en fibra, es decir, en resumen, llevar una dieta mediterránea. Las recomendaciones dietéticas para seguir una dieta en personas con hipercolesterolemia son las siguientes:
Deberá mantener siempre el peso adecuado, debiendo realizar una dieta hipocalórica si es obeso.
Su alimentación deberá ser siempre equilibrada, saludable y variada, debiendo
reducir la ingesta de colesterol en la dieta por debajo de 300 mg/día y debe disminuir la ingesta de grasas a un 25-30%. Se deberá disminuir el consumo de grasas saturadas y aumentar las grasas mono y poliinsaturadas. Para ello le recomendamos:
-No existe ningún tipo de limitación en esta dieta para tomar frutas, verduras, cereales, legumbres u hortalizas, de forma que se debe incrementar el aporte de fibra en la dieta. Sólo deberá seguir las limitaciones que su médico le indique si usted padece otras enfermedades, como obesidad, hiperuricemia o diabetes mellitus.
-Procurar tomar al menos tres veces a la semana pescado azul (sardinas, boquerones, atún, salmón, caballa, etc.).
No tomar alimentos precocinados como fritos de pescado, empanados de pollo, empanadillas, croquetas, patatas chips, canelones, lasaña, guisos, pizzas, etc.
Evitar los helados cremosos.
Evitar los alimentos preparados con azúcar, como caramelos, gominolas. frutas en almíbar, mermeladas, compotas, confituras, así como los productos de pastelería y repostería tipo ensaimadas, croissants, donuts, magdalenas, pastelitos con chocolate, pan de molde y galletas.
En su condimentación se puede utilizar hierbas aromáticas, mostaza, vinagre, limón y sal.
Procurar cocinar los alimentos con las técnicas más sencillas: cocidos, en papillote, en microondas, asados o a la plancha; evite los empanados, rebozados, estofados, etc.
Los productos lácteos deben ser desnatados.
Intentar comer pocas carnes grasas (cordero, algunas partes del cerdo, vísceras, embutidos, etc.). Procure tomar carnes menos grasas y elimine siempre la grasa visible de las carnes.
No comer más de tres yemas de huevo a la semana. Puede tomar las claras que quiera.
Para cocinar utilizar siempre aceite de oliva.
Reducir el consumo de grasas, tanto de origen animal (carnes rojas, mantequilla) como vegetal (margarinas) y evitar especialmente las grasas saturadas.
El ejercicio debe formar parte de las costumbres diarias. Todos los días realizará algún tipo de actividad física, de forma regular durante una hora (andar, correr, nadar, montar en bicicleta, etc.).
Es importante y necesario dejar de fumar.
miércoles, 2 de mayo de 2018
¿Qué es la hipercolesterolemia?
Posted by Sociedad y Política on 13:25 in notas diarias | Comments : 0
