La gripe A o gripe aviar es una infección causada por la nueva variante del virus influenza tipo A/H1N1. Apareció por primera vez en abril de 2009 en México y se convirtió en una pandemia que se extendió por todo el mundo. En agosto de 2010 se declaró oficialmente el fin de la pandemia, aunque el virus seguirá provocando infecciones en las épocas de auge de la gripe.
Esta gripe, también denomidnada gripe porcina, se transmite principalmente por medio de gotitas que contienen el virus y que, al ser expulsadas al hablar, toser, estornudar o besar, recorren con facilidad distancias cortas. También es posible la infección por contacto, por ejemplo, al dar la mano o tocar superficies en las que se encuentra el virus, como picaportes o teléfonos.
Desde el contagio hasta la manifestación de los primeros síntomas de la enfermedad transcurren por término medio entre uno y cuatro días. La sintomatología se asemeja a la de una gripe estacional (“gripe invernal”): fiebre repentina, tos, cefalea y malestar general. En algunas ocasiones aparecen asimismo náuseas, vómito y diarrea. Las personas de entre 5 y 19 años de edad son las más propensas a contraer la gripe A.
La nueva gripe adquiere un curso leve en la mayoría de los casos y remite tras 7-14 días. No obstante, su evolución también puede ser grave y, en raras ocasiones y bajo determinadas condiciones, suponer incluso un riesgo para la vida. Para su tratamiento están disponibles los principios activos antivirales oseltamivir y zanamivir.
Es posible prevenir la gripe porcina mediante la vacuna contra la gripe. Esta contiene tanto componentes contra la gripe estacional como del virus de la nueva gripe. Por consiguiente la vacuna antigripal habitual también protege frente a la gripe porcina. Además, se puede reducir el riesgo de infección de manera indirecta siguiendo unas sencillas pautas de higiene, por ejemplo, lavarse las manos con frecuencia.
